Skip to main content

Barça reinventa su proyecto con once fichajes y solo cinco supervivientes

Raúl González - 15 sept 2026 | 15:09

El Barça afronta la nueva temporada con una transformación radical: mantiene solo cinco jugadores de la plantilla anterior, ha fichado once nuevos y cambió entrenador y director deportivo. La apuesta es por perfiles atléticos y jugadores con ganas de crecer, alejándose del modelo anterior tras terminar noveno en la pasada campaña sin presencia en postemporada.

Barça reinventa su proyecto con once fichajes y solo cinco supervivientes

La reconstrucción del Barça es la más profunda de los últimos años. De una plantilla que cerró la temporada 2025-26 en novena posición de veinte equipos, con veintiuna victorias y diecisiete derrotas, apenas cinco nombres permanecen. El resto ha sido sustituido por completo bajo un criterio que la dirección deportiva definió con precisión: fichajes por perfil, no por posiciones. Perfiles atléticos, piernas frescas y jugadores con hambre de crecimiento. Nada que ver con lo que había.

La campaña anterior fue un aviso para un club que ha ganado dos EuroLeagues y alcanzado cuatro finales en este siglo. Quedarse fuera de la postemporada no es un mal año cualquiera; es una llamada de atención que obligaba a decisiones drásticas. La salida de Xavi Pascual hacia Dubái marcó el punto de inflexión, llevándose consigo al capitán Toko Shengelia, quien pagó alrededor de un millón de euros de cláusula para seguir al entrenador.

El éxodo: diez salidas que explican el cambio

La magnitud de la transformación se entiende mirando las bajas. Tomas Satoransky partió al Hapoel, Nico Laprovittola regresó al Joventut, Willy Hernangómez se marchó al Unicaja, Will Clyburn fichó por el Fenerbahce y Youssoupha Fall se fue a China. Jan Vesely cerró su carrera con la retirada. Juani Marcos encontró acomodo en el UCAM Murcia y Miles Norris en el Bayern. Pero el golpe más significativo fue la marcha de Toko Shengelia en agosto, quien no solo era el capitán sino también la referencia emocional del vestuario.

Esa salida de diez jugadores abrió un vacío que debía llenarse con criterio y visión. No se trataba de sustituir nombres por nombres, sino de rediseñar la estructura competitiva desde sus cimientos.

Once fichajes: la apuesta por juventud y atletismo

La llegada de once incorporaciones responde a tres perfiles claramente diferenciados. En la dirección, Justin Robinson —elegido mejor jugador de la Lliga Catalana— y Umoja Gibson aportan ritmo, velocidad y capacidad generadora de juego. Robinson, con su reconocimiento en la pretemporada, llega con credenciales de impacto inmediato.

En el perímetro, el Barça reforzó significativamente. Tyrese Martin llega desde Philadelphia, Stanley Umude se suma a la rotación ofensiva, Justin Minaya debuta en el baloncesto europeo tras su paso por la G League, y Agustín Ubal regresa tras un curso de despegue en el Manresa. Todos ellos aportan versatilidad y capacidad atlética.

El juego interior fue completamente rehecho. Josh Nebo viene del Olimpia Milano, Olek Balcerowski desde el Unicaja, Yoan Makoundou se incorpora a la rotación, Olivier Nkamhoua llega del Varese y Tosan Evbuomwan desde Charlotte. Un dato curioso: Minaya y Evbuomwan se enfrentaron la pasada temporada en la final de la Conferencia Este de la G League. Ahora ambos debutarán en el baloncesto europeo con la misma camiseta.

Los cinco supervivientes y la identidad

Juan Núñez, Darío Brizuela, Kevin Punter y Joel Parra —este último renovado nuevamente— son los cuatro nombres que acompañan a los cinco supervivientes sin nombre específico mencionado. Estos cuatro jugadores cargan con la responsabilidad de mantener la identidad del vestuario, la memoria institucional y la continuidad en un proyecto radicalmente nuevo.

Punter, con treinta y tres años, es el jugador con mayor jerarquía de la plantilla. Esa circunstancia refleja una realidad: no hay una estrella joven que pueda decidir partidos en abril. Es un equipo construido sobre la profundidad, sobre muchos jugadores buenos capaces de competir en fase regular, pero cuya capacidad para mantener el nivel en los momentos decisivos aún está por demostrar.

El ensamblaje como desafío central

Once jugadores nuevos tienen que entenderse simultáneamente en la competición más exigente de Europa. La pretemporada ya ha mostrado los dos extremos posibles. El Barça ganó la Lliga Catalana, pero necesitó remontar treinta minutos de desventaja ante el Ilerna Lleida en la final para conseguirlo. Esa volatilidad será la tónica de las primeras semanas.

La idea táctica de Sekulic —posesiones rápidas, contraataque y libertad desde el triple— se vio desde el primer amistoso en Encamp y funcionó contra el Manresa, un rival que juega a un baloncesto similar. La pregunta que define la temporada es si ese sistema aguanta contra las defensas de EuroLeague, donde los rivales tienen más recursos para neutralizar el juego de transición y la precipitación ofensiva.

La ausencia de una referencia clara es otra de las claves. Un equipo de muchos jugadores buenos suele rendir bien en fase regular, acumulando victorias en el día a día. Pero ese perfil tiende a quedarse corto en la postemporada, cuando los partidos se deciden en detalles, en la experiencia y en la capacidad de uno o dos nombres de tomar decisiones cruciales bajo presión.

Preocupaciones por la salud

Darío Brizuela se lesionó en la final de la Lliga Catalana a falta de cincuenta y uno segundos del tercer cuarto. El club aún no ha detallado el alcance de la lesión, una incertidumbre que pesa más en una plantilla con solo cinco supervivientes. Perder a uno de ellos en septiembre tiene un impacto desproporcionado en la cohesión de grupo y en la continuidad del proyecto.

Expectativas realistas y el pronóstico

El Barça debería volver a la postemporada. Es el mínimo exigible tras una inversión de esta magnitud en fichajes y en la restructuración del proyecto. Pero no se trata de rematar una obra ya avanzada, sino de construir desde cero. Lo razonable es esperar un arranque irregular, con altibajos propios de un equipo que está aprendiendo a jugar junto.

El listón histórico lo pone la propia institución. Nadie en el Palau considerará un éxito quedarse en el play-in. La Final Four es el horizonte que siempre define las ambiciones de un club de esta envergadura. Y esta plantilla, hoy por hoy, no parece preparada para ese nivel. Pero el curso es largo, el ensamblaje puede mejorar significativamente, y el talento atlético está presente. El Barça apuesta por que el tiempo, la competición y la madurez conjunta logren lo que la teoría aún no garantiza.