5. Brad Miller

En Blog de Basket te acercamos los diez jugadores que han logrado dejar un mayor impacto en la liga sin haber sido seleccionados en el Draft de la NBA.

Brad Miller disputó su etapa pre-profesional en la Universidad de Purdue –centro educativo que ha dado dos números uno del Draft: Glenn Robinson, en 1994, y Joe Barry Carroll, en 1980-, donde en su último año lideró a su equipo a los ‘Sweet Sixteen’ de la NCAA (16 mejores conjuntos del torneo) gracias a sus 17.2 puntos y 8.8 rebotes por encuentro.

En Purdue se erigió como el único jugador en lograr, al menos, 1.500 puntos, 800 rebotes y 250 asistencias en la historia de la universidad. Sin embargo, estos números fueron insuficientes para ser escogido en el Draft de 1998.

Aún así, y tras concluir el lockout de aquel año, el pívot firmó un contrato con los Charlotte Hornets unos meses después. Su rendimiento siguió una línea ascendente según pasaban los años y hacía las maletas rumbo a otras franquicias, Chicago e Indiana. En su último año en los Pacers, Miller fue seleccionado para disputar su primer All-Star Game gracias a unos números que ascendieron hasta los 13.1 puntos, 8.6 rebotes y 2.6 asistencias.

La siguiente temporada, ya en las filas de los Sacramento Kings de Mike Bibby, Chris Webber y Peja Stojakovic, el jugador continuó mejorando sus cifras y fue elegido para participar en su segundo –y último- All-Star. En sus cinco temporadas en California, Miller se destapó como un pívot con buena capacidad reboteadora y una gran visión de juego, superando las tres asistencias por encuentro en todas ellas.

Posteriormente, regresaría a Chicago donde mantuvo un buen nivel durante sus dos temporadas allí antes de retirarse en 2012 tras una temporada en Minnesota. Con el combinado nacional estadounidense, Miller lograría las medallas de bronce en los Mundiales de 1998 y 2006.

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