Hace cinco años, Jeff Green era considerado uno de los principales pilares de una franquicia llamada a dominar la NBA durante los siguientes años junto a dos estrellas de la actual competición que daban sus primeros coletazos en la liga por aquel entonces: Kevin Durant y Russell Westbrook.
Tras un avance rápido hasta el presente, la realidad individual del propio Green es muy diferente. Actualmente, y tras dos traspasos rumbo a Boston y Memphis, el alero está afrontando la temporada más complicada de su carrera tras recalar en los Grizzlies a mediados del pasado curso.
Apenas unas semanas atrás, Green fue el centro de atención de los medios de comunicación de la franquicia de Tennessee a raíz de una información que sugería que los pesos pesados del equipo estaban molesto por la actitud indiferente y el poco compromiso exhibido por el jugador. De hecho, los números hablaban por si solos: 10.6 puntos por encuentro, o, lo que es lo mismo, los peores promedios estadísticos desde su año rookie.
No obstante, este tirón de orejas, el cual arrastró con él rumores en torno a un posible traspaso del jugador, sentó a las mil maravillas a Green. Desde entonces, los Grizzlies han ganando ocho de sus últimos diez partidos, con el propio Green como máximo anotador del equipo durante este periodo con 19.0 puntos en apenas 28 minutos partiendo desde la segunda unidad.
Después del irregular y dubitativo arranque de temporada de los Grizzlies, el cual estuvo cerca de costarle el puesto al entrenador Dave Joerger, los Grizzlies han comenzado a carburar y los últimos resultados los han elevado hasta la quinta posición de la Conferencia Oeste con un balance de 30-21. Y todo apunta a que el despertar de Jeff Green ha sido el ingrediente que faltaba en la receta colectiva de Memphis.