Los Minnesota Timberwolves llevan doce temporadas sin llegar a Playoffs, en la que ya es la tercera mayor racha de la historia de la NBA de una franquicia sin clasificarse entre los 8 mejores de su conferencia. Sin embargo, el paciente dueño del equipo que más años lleva sin jugar Playoffs de la liga es optimista respecto a la situación actual de la franquicia a pesar de que los malos resultados de esta temporada.
En 1995 Glen Taylor compró los Timberwolves por 95 millones de dólares, y si Forbes tiene razón, en 20 años el equipo se ha revalorizado hasta los 720 millones, aunque a Taylor eso no le preocupa demasiado.
"La situación del equipo no ha cambiado mucho desde entonces. Seguimos estando muy abajo."
Taylor recuerda que cuando se hizo con el control de la franquicia de Mineápolis el plan era juntar a jóvenes con talento para que se fueran desarrollando y mejorando año tras año hasta conseguir un conjunto que podía competir por el anillo de campeón. Stephon Marbury y Kevin Garnett fueron los máximos exponentes de aquellos años dorados de la organización.
"Estamos siguiendo el mismo plan. Tenemos un montón de jóvenes y necesitamos ser pacientes con ellos. Tengo la esperanza de que pronto volveremos a tener la oportunidad de ganar el anillo"
Visto con perspectiva, esta plantilla tiene mejor pinta que la que abandonó Kevin Love en verano de 2014, que propició la llegada del Novato del Año de la pasada temporada, Andrew Wiggins, resetear el proyecto y un año después seleccionar al número 1 del pasado Draft, Karl Anthony Towns, quien tiene todas las papeletas para coronarse como Novato del Año. Otros jugadores como Zach LaVine o Giorgi Dieng siguen creciendo a pasos agigantados, enriqueciendo un proyecto que cada mes que pasa pinta mejor.
Siendo Minnesota un destino poco apetecible para los agentes libres más codiciados, por la inmadurez del proyecto, por clima y por mercado, a los Wolves solo les queda la esperanza de desarrollar un grupo de jugadores talentosos desde cero, y parecen estar disfrutando del viaje.