Eurobasket 1983. España vs URSS, el gran punto de inflexión del baloncesto nacional

Repasamos la gesta nacional ante la todopoderosa URSS de Sabonis en las semifinales de aquel torneo y cómo supuso la eclosión de España.

Eurobasket 1983. Foto: gettyimages
Eurobasket 1983. Foto: gettyimages

Existen fechas que no se olvidan, momentos imborrables en la mente de todos los aficionados al baloncesto que perduran en la historia como instantes que determinaron un punto de inflexión en este deporte. En España, por fortuna, hay muchos, pero uno de los primeros y más importantes fue el que se produjo el 1 de junio de 1983. El deporte nacional, al igual que el país, iba dejando atrás las sombras y precariedad de muchos años pasados y encontraba héroes nacionales en pioneros capaces de elevar a un estatus superior la competitividad deportiva. El Eurobasket 1983 celebrado en Francia supuso la clara demostración de que había una generación de jugadores llamados a la gloria, alcanzada en Nantes aquel día al lograr lo que parecía imposible: ganar a la todopoderosa URSS.

Campeona continental y mundial, la selección soviética funcionaba como un engranaje perfecto y era una selección inolvidable de talentos, curtida con la más férrea disciplina del movimiento político del país. Un joven Arvydas Sabonis de 19 años hacía su presentación en sociedad en un campeonato donde asombró, pero en el que se vio frenado en semifinales por un equipo de leyenda. Chicho Sibilio, Epi, Fernando Romay, Juan Antonio Corbalán, Ignacio Solozábal, Juanma López Iturriaga, Joan Creus, Fernando Martín y compañía, afrontaban una cita que se tomó en el seno de la selección como el momento ideal para dar un golpe de efecto.

España perdió el partido inaugural del campeonato ante Italia por 75-74, pero reaccionó con brillantez venciendo luego a Yugoslavia (90-91), Francia (73-75), Suecia (81-76) y Grecia (100-79). Partidos casi todos al límite donde el coraje y la inteligencia emocional del colectivo así como talentos individuales capaces de desengrasar encuentros farragosos, hicieron que España volviera a medirse a Yugoslavia en cuartos de final y sacara esa garra indómita para vencer por 94-95. Con el país ya movilizado ante la gesta de un grupo carismático y que transmitía sensaciones inigualables, la selección afrontó un duelo de semifinales en el que el máximo favorito era la URSS.

El partido fue digno de volver a verse años después; aún sin la línea de triple establecida, el estilo de juego era radicalmente diferente al actual y Martín ofrecía soluciones debajo del tablero perfectamente complementadas por Romay. Ambos pívots madridistas lograron 16 y 10 puntos, respectivamente, exigiendo mucho en defensa a un Sabonis que terminó con 26 puntos, pero tuvo pesadillas con la brega de Fernando en la pintura. Arvydas se vio secundado por Jovaisa (16), Belostenny (15), Mychkine (13) y Chomicius (12), pero a la URSS le faltó profundidad de banquillo para poder competir con un equipo nacional esplendoroso bajo la dirección de Corbalán.

Sibilio y Epi fueron los líderes de anotación en un partido de infarto resuelto con una canasta del segundo. España llegó con ventaja a los minutos finales, pero un mal porcentaje en tiros libros hizo que se llegara a los últimos 43 segundos con un marcador de 92-93. España tenía el balón y estaba obligada a anotar para certificar el triunfo por lo que apuró al máximo la posesión en un ataque falto de clarividencia. Solozábal botaba, Jiménez ni miraba al aro al recibir y todos sentían el peso de la responsabilidad. Hasta que apareció uno de esos jugadores especiales que surgen cada cierto tiempo. Juan Antonio San Epifanio buscó el balón cuando restaban apenas 6 segundos para el final de la posesión, circunvaló y se levantó en el codo de la pintura con una elegancia sublime que detuvo el tiempo y los corazones de los aficionados.

Canasta limpia y hazaña conseguida. España firmó una de esas victorias que se recuerdan para la posteridad y anticipan gestas futuras como la medalla de plata en Los Ángeles 1984. En la final del Eurobasket 1983, la Italia de Villalta, Mecchiano y Meneghin ganó por 105-96 y se aprovechó del cansancio acumulado y resaca del éxito del equipo español a un que se fue de Nantes con una plata colgada del cuello, pero con la sensación de que habían cambiado el rumbo de la historia de este deporte.

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