El baloncesto moderno sumerge al aficionado en una duda que se amplía cada vez que el tiempo avanza. ¿Habrá un momento en que no haya posiciones definidas en el baloncesto y todos puedan jugar de todo? La mejoría física de los últimos tiempos arroja jugadores cada vez más completos, capaces de aunar la velocidad y agilidad de un exterior con la musculatura y potencia necesaria para defender en la zona. Giannis Antetokounmpo, Lebron James o Ben Simmons son ejemplo paradigmáticos de una tendencia que obliga a los pívots puros a diversificar sus habilidades y cambiar su fisonomía.
Resulta cada vez más complicado encontrar jugadores interiores que no lancen muy bien a canasta, que no ostenten capacidad de salto y puedan abrir el campo y ejecutar triples. André Drummond puede ser la excepción que confima una regla indiscutible: es muy importante encontrar pívots móviles, ágiles, fibrosos y saltarines. Se busca mucho más un hombre capaz de taponar, defender hasta tres posiciones del equipo contrario y jugar pick&roll y pick&pop con la misma eficacia, que un pívot de los de toda la vida que sepa jugar de espaldas en el poste bajo, rebotear con recurrencia y generar espacios para sus rivales desde dentro.
Los profundos cambios físicos de Marc Gasol o Nikola Jokic son el claro ejemplo de cómo la NBA actual exige menos peso y más agilidad, menos potencia en el poste bajo y más velocidad. Ambos han trabajado duro a lo largo de los últimos meses para poder perpetuarse en la élite y ofrecer esas cosas que cada vez buscan más los entrenadores. La eclosión de Bol Bol da una clara muestra de por dónde irán los tiros próximamente en el baloncesto mundial y supone una prueba más de la necesidad de hacer cada vez más cosas para poder ser un jugador importante en la NBA.