San Antonio Spurs y New York Knicks se enfrentarán el martes en la final de la NBA Cup tras una noche de semifinales marcada por el gran sorpresón del torneo: la caída de los Oklahoma City Thunder, líderes de la liga y uno de los equipos más dominantes del inicio de temporada.
En Las Vegas, los Spurs derrotaron a Oklahoma City por 111-109 y frenaron una racha de 16 victorias consecutivas del Thunder, que solo había perdido un partido en toda la temporada. El equipo de Mark Daigneault llegaba con un balance de 24-1 y con la posibilidad de seguir acercándose al mejor arranque histórico de la NBA, pero se encontró con un San Antonio muy sólido y con el impacto inmediato de Victor Wembanyama en su regreso a las pistas.
El pívot francés volvía tras 12 partidos de ausencia por una lesión en el gemelo izquierdo y terminó con 22 puntos y nueve rebotes en apenas 21 minutos, con un +21 en pista. A pesar de la restricción de minutos, su presencia cambió el partido desde el inicio y activó al público, que coreó su nombre en varias fases del encuentro. Devin Vassell fue el máximo anotador de los Spurs con 23 puntos, mientras que De’Aaron Fox y Stephon Castle aportaron 22 cada uno.
Oklahoma City, que ya había perdido la final de la NBA Cup el año pasado ante Milwaukee, sufrió así su segunda derrota consecutiva en Las Vegas. Shai Gilgeous-Alexander lideró al Thunder con 29 puntos, acompañado por los 17 de Chet Holmgren y Jalen Williams, pero no fue suficiente para sostener al equipo en los momentos decisivos. San Antonio recortó diferencias antes del descanso con una racha de 13 puntos y tomó ventaja en el tercer cuarto con un parcial de 10-0 que dejó el partido abierto para un final muy ajustado.
Los Knicks, on fire
Horas antes, los New York Knicks habían sellado su pase a la final tras imponerse a los Orlando Magic por 132-120, impulsados por una actuación sobresaliente de Jalen Brunson. El base anotó 40 puntos, su primer partido de 40 esta temporada, y lideró a los Knicks a su novena victoria en los últimos diez encuentros.
Brunson asumió el control en los momentos clave, especialmente después de que los Knicks desperdiciaran una ventaja de dobles dígitos en el tercer cuarto. Además de su anotación, fue clave en la dirección del juego, encontrando a OG Anunoby, Mitchell Robinson y Mikal Bridges para canastas importantes que estabilizaron al equipo. New York logró así superar de nuevo a un Orlando que había sido un rival incómodo en los enfrentamientos previos de la temporada.