Como en la mayoría de los programas universitarios deportivos, el baloncesto se encuentra a una distancia amplia del fútbol americano en cuanto a términos de ingresos se refiere. Pero teniendo en cuenta el menor gasto de explotación de la competición y un inferior número de deportistas, nos encontramos con que el jugador de baloncesto universitario estándar alcanzaría mayor valor que sus homólogos del fútbol.
¿Qué ocurriría si la NCAA utilizara un método de reparto de los beneficios obtenidos similar al establecido en la NFL o la NBA? De esta premisa parte un curioso estudio realizado por el medio Business Insider, el cual ha utilizado las universidades más prestigiosas del panorama estadounidense como punto de referencia en la investigación.

Teniendo en cuenta estas normas y condicionantes, el estudio arroja un curioso dato: solo la plantilla de cuatro universidades americanas superarían el millón de dólares, en un ránking encabezado por la Universidad de Louisville, seguido por las potencias de Syracuse, Arizona, Duke y Kentucky, esta última ya con una cifra inferior al millón, todas ellas (a excepción de Syracuse por su sanción deportiva) incluidas entre las grandes favoritas para el torneo de la NCAA que se está disputando en la actualidad.
Para realizar los cálculos, el estudio se ha basado, además, en el reparto actual resultante de la negociación colectiva en la NBA que obliga a la organización a que los jugadores reciban un mínimo del 49% de todos los ingresos generados por las franquicias, incluyendo, por otro lado, el valor de las becas que recibe cada jugador durante su etapa universitaria.
Prosiguiendo con las comparaciones, nos encontramos con que la mayor cifra obtenido, los 1.5 millones de dólares totales de la Universidad de Louisville, representaría una cifra muy baja dentro del amplio espectro salarial de la NBA. Como ejemplo, aunque podríamos coger muchos más, Ryan Kelly, perfil de jugador bajo en la liga, cobra esta temporada en Los Ángeles Lakers una cifra que asciende hasta los 1.6 millones, más que cualquier plantilla universitaria, lo que pone de manifiesto en gran salto económico que supone dejar atrás la universidad rumbo a la mejor liga de baloncesto del mundo.
Por si fuera poco, arrojamos el siguiente dato. En la noche del Draft, el salario que cobrarán los 30 jugadores elegidos en la primera ronda del Draft ya está establecido por convenio. Ser elegido en el número uno asegurará una cantidad que asciende hasta la nada despreciable cifra de 4.5 millones de dólares, tres veces más que el valor de Lousville. Al segundo elegido le corresponden 4.1 millones, al tercero 3.6 millones y así paulatinamente hasta los precisos 1.5 millones que se embolsará el 15º seleccionado. El último jugador de primera ronda recibirá 'solo' 911.000 dólares, una cantidad que lo auparía al top 5 de las universidades de Estados Unidos.