Partidos como el vivido esta pasada madrugada en el Smoothie King Center de New Orleans son el claro ejemplo de por qué Golden State Warriors ha sido el mejor equipo de la temporada.
Los pupilos de Steve Kerr se recompusieron de un gris encuentro para remontar 20 puntos en el último cuarto ante la sorpresa, perplejidad y decepción de la afición de los Pelicans. Aún así, el encuentro parecía decantado del lado de los locales cuando ganaban por cinco puntos a falta de, tan solo, 20 segundos para el final. Entonces apareció la figura de Stephen Curry (¿quién si no?) para, en un loco final de partido, poner la igualdad en el marcador con un espectacular e imposible triple ante Anthony Davis (29 puntos y 15 rebotes) y Tyreke Evans (19 puntos y 8 asistencias) y llevar el duelo a la prórroga.
En los cinco minutos extra, los Warriors continuaron con su dinámica letal del último parcial y salieron en tromba para poner una ventaja importante (cinco puntos) con tres minutos por disputar. Aún así, un triple de un muy activo Ryan Anderson (26 puntos y 5 rebotes) acercó a los Pelicans a tan solo un punto (118-119), con menos de un minuto por jugar. La expulsión por faltas de Draymond Green (12 puntos y 17 rebotes) y una rigurosa antideportiva de Klay Thompson (28 puntos y 6 rebotes) a Anthony Davis hacía creer en la remontada, pero entonces apareció nuevamente la figura de Stephen Curry (40 puntos y 9 asistencias) para sentenciar desde los tiros libres (123-119).
Este resultado final supone dos registros totalmente opuestos para cada equipo: mientras los Warriors logran la primera victoria de su historia tras haber remontado 20 puntos después de un registro previo de 0-358, New Orleans Pelicans se medirá a la historia y a un 3-0 en contra que nunca nadie en la historia de la liga ha podido remontar.