Los Miami Heat se encuentran casi con toda probabilidad en el momento de más incertidumbre de su corta -pero muy exitosa- historia en la NBA. La franquicia de South Beach afronta un año a priori difícil en cuanto a resultados, identidad y búsqueda de un nuevo proyecto competitivo, ya que reconstruir a fuego lento no está en los planes de nadie. ¿Pero cómo conseguirlo?

Dwyane Wade sorprendió a propios y extraños este verano saliendo del equipo después de 13 años de carrera, siendo el jugador más emblemático de la historia de Miami Heat. Diferencias personales entre Pat Riley y el escolta de 35 años aparte, la salida de Wade es solo un capítulo más de la demolición de un proyecto que trajo felicidad a South Beach durante los cuatro años que LeBron James permaneció fiel a su decisión de no jugar en Cleveland. Cuatro Finales consecutivas y dos anillos de campeón son un balance bastante positivo para los años del Big Three.
Pero todo ha cambiado. No solo ha sido la salida de Wade, ni la desoladora situación por la que pasa Chris Bosh, que casi seguro no volverá a jugar con Miami a pesar de que le quedan tres años de contrato. Miami ha dejado de ser un destino atractivo para los agentes libres, y muchos que han jugado allí prefieren buscar otro destino para su futuro. Por algo será.
Si hace un año no estaba nada claro que fuesen a renovar a Hassan Whiteside, ahora no les queda mas remedio que atarse a él como eje, al menos durante esta temporada, que se prevé bastante desastrosa para el vestuario que dirige Erik Spoelstra.