La defensa de los Houston Rockets, ¿garantía de éxito?

El small-ball extremo propuesto por el equipo dirigido por Mike D'Antoni supone un nuevo reto defensivo, tanto para los rivales como para ellos mismos.

Robert Covington y P.J. Tucker
Robert Covington y P.J. Tucker

Cuando los Houston Rockets traspasaron a Clint Capela a Atlanta Hawks en aquel mega-traspaso que trajo consigo a Robert Covingon no sólo desataron el sistema ofensivo más progresivo e inusual en la historia de la NBA, sino que ampliaron sustancialmente su rango de resultados.

Para un equipo como el de Texas, la diferencia entre caer eliminados en primera ronda o en un séptimo partido de las Finales de la Conferencia Oeste es insignificante. El desenlace es el mismo: de regreso a casa sin portar el Trofeo Larry O’Brien. Así, cualquier riesgo que implique no contar con una torre interior no supone un peor panorama que el existente con anterioridad.

Houston era un buen equipo antes de que adoptara esta versión extrema del small-ball pero no lo suficiente como para suponer una verdadera amenaza para los dos cocos angelinos del Oeste. Quizá tampoco lo sea ahora, pero al menos disponen de un nuevo paradigma ofensivo mucho más complicado de resolver.

El carácter entrópico de este nuevo sistema generó una oleada de preguntas con muy poco tiempo de acción para ser respondidas. La principal, saber si es lo suficientemente sólido para contener con garantías a las grandes armas ofensivas rivales. Una cuestión que todavía no ha sido respondida. Pero que sí ha dado unas primeras muestras de una efectividad más elevada de lo que inicialmente se pensaba.

¿Cómo funciona la defensa de los Rockets sin un pívot tradicional?

La ausencia de un ancla interior ha convertido a los Houston Rockets en uno de los equipos defensivos más molestos de la NBA. Una maraña de manos que se interpone en las líneas de pase, provocando una incomodidad constante en las ofensivas rivales y una sensación de que cualquier movimiento de balón puede ser interceptado.

Al atacar directamente la subida de la pelota, cortar los carriles de pase, provocar cargas ofensivas y abrir el juego al poste, Mike D’Antoni ha hallado la forma de maximizar la carencia de centímetros y aprovecharla en beneficio propio. “Nuestra energía, nuestro esfuerzo y nuestra agresividad en defensa es algo que tenemos que mantener, especialmente siendo pequeños”, definió perfectamente James Harden al medio TNT.

A lo largo de los primeros cinco partidos en la burbuja, ha sido precisamente su defensa y no el ataque lo que ha impulsado al equipo a un balance de cuatro triunfos y una única derrota. Presentan el quinto mejor ratio defensivo (107,5) de la liga en Orlando, mientras que su ataque se ha mostrado más discreto y ocupa la duodécima posición. Además, lideran la liga en deflections (pases desviados que no finalizan en robo) y ocupan la tercera posición en porcentaje de pérdidas causadas en el oponente. Esto no solo compensa la ausencia de un protect-rim sino que ayuda a crear una ofensiva rápida y directa. Casi el 16% de las jugadas de los Rockets en Disney World han sido en transición, la segunda marca más alta de la liga y los rápidos contraataques a menudo se traducen en canastas rápidas ante la imposibilidad rival de generar un balance defensivo efectivo.

Robert Covington y P.J. Tucker componen un dúo de ladrones expertos y defensores desde la ayuda astutos. Ambos proporcionan la base defensiva necesaria para el funcionamiento del sistema de D’Antoni. El resto de componentes han aceptado el reto y suman réditos complementarios. En un planteamiento todavía más agresivo, Russell Westbrook puede atacar directamente las líneas de pase y las rápidas manos de James Harden generan un gran número de robos, ya sea en el uno contra uno o en las numerosas ayudas protagonizadas por la rotación. Otra virtud es la fuerza física y la intensidad implícita compartida por gran parte del roster.

Cada uno de los oponentes en Orlando ha tratado de explotar la falta de centímetros de los Houston Rockets alimentando de balones a sus hombres altos, pero ninguno ha sabido rentabilizar lo suficiente esta ventaja ante defensores robustos y compactos. Estos, rara vez tratan de bloquear los lanzamientos, sino que se centran en aprovechar su bajo centro de gravedad, trabajar la pista, dificultar la recepción e incomodar mediante el uso del cuerpo. Una táctica perfectamente explotada por Andre Iguodala en sus numerosos duelos ante LeBron James y Kevin Durant.

Los resultados son evidentes. Los equipos han atacado constantemente el poste de Rockets más que cualquier otro. Sin embargo, los de Texas mantienen a sus oponentes en la tercera eficiencia más baja al poste de la liga. Nadie es más consciente de este hecho que los propios Rockets, quienes obtienen una ventaja matemática al invitar a la jugada menos rentable del baloncesto actual. A su vez, fuerzan isolations poco productivas en el perímetro mediante constantes pantallas y cambios de asignación.

Sin embargo, existen formas de atacar esta defensa de small-ball reducido de Houston Rockets. Su vulnerabilidad en la pintura sigue siendo un hecho y la agresividad de anticiparse a las líneas de pase conlleva también un gran riesgo de recopilar demasiadas faltas. Los oponentes también pueden utilizar la marca de James Harden para generar missmatches o isolations que permitan atacar frontalmente la pintura. Incidir en el menor pesaje de Covington puede exponer sus limitaciones y encerrar al mejor defensor de ayudas del equipo.

Los Rockets son uno de los equipos con las ayudas defensivas más agresivas de toda la NBA. Pero la falta de resistencia bajo el aro supone un punto crítico contra equipos que se muevan muy bien en la pintura y que cuenten con muchos centímetros en ella, como es el caso de Los Angeles Lakers con Anthony Davis o Denver Nuggets con Nikola Jokic.

Además, este enfoque defensivo solo merece la pena si los Rockets mantienen intacta la efectividad de su potencia de fuego habitual. Dependen mucho del triple y los aclarados, dos recursos que no han podido explotar en la burbuja. Antes de la suspensión de la temporada eran el segundo equipo que más puntos firmaban por posesión, tan solo por detrás de Dallas Mavericks. En Orlando ocupan la novena posición.

La verdadera prueba de fuego llegará en breve con la disputa de los playoffs. Sólo entonces conoceremos el alcance real de un sistema que, por otro lado, aún se encuentra en fase beta y que tiene toda la pinta de poder evolucionar todavía más en los próximos años, abriendo, quizá, un nuevo paradigma baloncestístico en la NBA.

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