Los Cleveland Cavaliers inician la temporada 2025-26 con la etiqueta de aspirante sólido en el Este. Tras un curso que los consolidó entre los cuatro mejores equipos de la conferencia, la expectativa es alta. Sin embargo, el verano trajo movimientos que podrían alterar el equilibrio: Ty Jerome, finalista al Sexto Hombre del Año, partió hacia Memphis en la agencia libre, dejando un vacío en la rotación.
Por eso no sorprende que los rumores vinculen a los Cavs con Malik Beasley, un tirador que podría dar oxígeno desde el perímetro. En cualquier caso, talento de primer nivel no les falta; la clave será mantener a sus figuras en pie.
Y ahí surge la gran incógnita. Darius Garland ya es un base All-Star, pero su historial de lesiones lo persigue: en tres de sus seis temporadas no superó los 60 partidos, y tras someterse a una cirugía este verano se espera que se pierda el arranque del curso. El panorama se complica si se mira al banco: su suplente, Lonzo Ball, arrastra todavía más dudas, con apenas 70 partidos disputados en los últimos cuatro años. En un plantel que parece robusto en casi todas las posiciones, la vulnerabilidad en el puesto de base es el verdadero talón de Aquiles.
De ahí que en Cleveland se hable cada vez más del “hombre número 11”, ese jugador que normalmente quedaría al margen de la rotación, pero que puede ser decisivo si los problemas físicos golpean a la columna vertebral del equipo. Y hay tres candidatos principales.

Las opciones de los Cavs para completar su rotación
El primero es Tyrese Proctor, recién llegado desde Duke. Su condición de novato juega en su contra, pero sus destellos en la Summer League dejaron buenas sensaciones, sobre todo en la dirección del juego. No tiene aún la visión de Garland o la creatividad de Ball, pero sí la capacidad de anotar y generar impacto en tramos cortos. Si demuestra control, lectura táctica y templanza en 10 o 15 minutos por noche, podría ganarse un sitio.
Luego aparece Craig Porter Jr., un base de 25 años con perfil muy distinto. Destaca por su defensa en el perímetro y por un instinto natural para generar juego, atributos valiosos en cualquier rotación. El problema es su timidez con el tiro exterior. Sus porcentajes son buenos, más del 40% desde el triple en sus dos años en la liga, pero su falta de confianza lo convierte en un arma desaprovechada. En una NBA que exige atrevimiento desde fuera, esa indecisión lo mantiene al filo entre recurso útil y lastre.
Por último, Jaylon Tyson representa la carta más versátil. Con 1,98 de estatura y apenas en su segundo año, es un “conector” capaz de aportar en todas las facetas: anota, reparte, rebotea y defiende con intensidad. La incógnita está en la regularidad de su tiro exterior. En la liga universitaria promedió 37.2% desde el triple, pero en su año rookie cayó al 34.5%.
Eso sí, explotó en los playoffs con un descomunal 55.6% desde lejos. Sus números en tres partidos como titular, 17.7 puntos, 7.7 rebotes, 5 asistencias y 1.7 robos, lo avalan como candidato serio a convertirse en el “11º hombre” de confianza de J.B. Bickerstaff.
En definitiva, los Cavaliers inician la temporada con aspiraciones legítimas de pelear por unas Finales de Conferencia. Su núcleo de estrellas es más brillante que el de la mayoría de franquicias. Pero el destino del curso puede depender menos de Garland o Evan Mobley y más de un jugador que, en el papel, ni siquiera tendría asegurados minutos. En Cleveland lo saben bien: en un año marcado por la fragilidad en la posición de base, el éxito podría depender de ese 11º hombre capaz de sostener al equipo cuando los focos no estén sobre él.