Los New York Knicks firmaron una de sus actuaciones más completas del curso al imponerse por 114-89 a los San Antonio Spurs en el Madison Square Garden, en la reedición de la final de la NBA Cup disputada en Las Vegas. El equipo dirigido por Mike Brown no solo cortó la racha de 11 victorias consecutivas de su rival, sino que lo dejó en su anotación más baja de la temporada.
El técnico reconoció que no sabía si había sido el mejor partido defensivo del año, pero admitió que el nivel fue “alto”. Tras unos primeros minutos en los que los Spurs llegaron a tomar una ventaja de 12 puntos, los Knicks dominaron el encuentro con autoridad.
“Hasta en los partidos en los que no hemos anotado muchos puntos, como en Chicago o en Houston, nuestra defensa ha mejorado. Tuvimos a cinco jugadores conectados”, explicó Brown.
En la última semana, el equipo ya había mostrado señales claras de crecimiento atrás. Ante Houston, los Knicks cerraron el último cuarto con una defensa asfixiante para culminar una remontada, y antes habían limitado a Chicago a 99 puntos como visitantes. La única mancha reciente fue la derrota contundente ante Cleveland, que ahora parece un episodio aislado. En el último mes, Nueva York es el quinto equipo de la liga en rating defensivo, con 107 puntos permitidos por cada 100 posesiones.
El reto ante San Antonio no era menor. Los Spurs venían de su mejor mes ofensivo, con un 50% en tiros de campo y cerca del 38% en triples durante febrero. Sin embargo, en Nueva York apenas pudieron lanzar con un 26,5% desde la línea de tres.
La defensa sobre Victor Wembanyama fue uno de los puntos clave. El pívot francés había brillado en su primera visita al Garden el día de Navidad, pero esta vez fue contenido en 25 puntos y 13 rebotes, además de cometer siete pérdidas dentro de las 22 totales de su equipo. Brown aseguró que no modificaron en exceso su planteamiento por él y que evitaron problemas de faltas durante la mayor parte del encuentro.
Josh Hart subrayó que el crecimiento debe sostenerse en ese costado de la pista. “Es un talento extremadamente especial, pero nosotros tenemos que seguir dando pasos defensivos. Sabemos que el ataque va a estar ahí, pero debemos colgar el sombrero de la defensa”, afirmó el alero, uno de los líderes vocales del vestuario.
Mikal Bridges fue otro de los protagonistas. Activo en ambos lados de la cancha, firmó una de sus actuaciones más completas del curso con 25 puntos, cinco triples, cinco rebotes y cinco robos, varios de ellos convertidos en canastas al contraataque. Fue su mejor producción anotadora desde finales de enero y llegó después de un febrero en el que promedió 14,4 puntos.
“Son un gran equipo y tienes que traer tu mejor versión”, señaló Bridges. “Tenemos muchos jugadores capaces de anotar, así que a veces los tiros son limitados. Intento controlar lo que puedo controlar y eso es traer energía en ambos lados”.
Adaptación del equipo
Brown destacó que el proceso de adaptación ha sido progresivo, con un nuevo entrenador, un nuevo sistema y una rotación más profunda. En algunos tramos del inicio de temporada, Bridges asumió más funciones de creación para diversificar el ataque. El técnico insistió en que el estándar del grupo es el sacrificio y que todos están comprometidos con un objetivo común.
Para Hart, la clave ahora es la constancia. “Es otro ejemplo de lo que podemos ser defensivamente. Tenemos que construir a partir de esto y evitar altibajos. No puede ser un equipo irregular”, concluyó.
Los Knicks enviaron así un mensaje claro en el Este: cuando la defensa funciona a este nivel, son un rival capaz de imponerse con autoridad incluso ante uno de los equipos más en forma del momento.