La figura de Allen Iverson es uno de los grandes ejemplos actuales en la NBA de la bipolaridad antagónica de una estrella de la cancha que se descompone, fuera de ella, por los excesos resultantes de la abundancia económica.
El mítico escolta de los 76ers ha visto como sus más de 150 millones de dólares de ganancias amontonadas a lo largo de su carrera se han evaporado por su mala administración de cara a diversos lujos, así como por sus constantes problemas legales y con el alcohol.
Innumerables han sido los rumores que han circulado sobre sus hábitos atroces para gastar billetes, en un sin fin de anécdotas e historias que han salido a la luz a lo largo de los años, así como diversos problemas relacionados con la violencia doméstica y la autoridad, todos ellos, tras abusar del alcohol. Muchas de estas situaciones, sus demonios y debilidades más profundas, han quedado al descubierto en la reciente autobiografía publicada a principios de mes, donde podemos conocer el lado más profundo y oscuro del ex-jugador.
Larry Brown, ex-entrenador de Iverson en Philadelphia y viejo amigo y confidente suyo, habló esta semana sobre su deseo de ver a 'A.I.' de regreso al equipo y sugirió a la organización la posibilidad de incluirlo como trabajador en sus oficinas, proponiendo, incluso, el puesto de Director General Adjunto.
El propio Iverson abrió las puertas a esta posibilidad cuando el pasado mes de marzo reconoció que le gustaría volver al que ha sido el equipo de sus amores, en un discurso que repitió este jueves en una entrevista. "Sería uno de los mayores honores a los que puedo aspirar. Puede que no sepa todo acerca del talento o el físico de los jugadores, pero tengo una mente muy aguda y despierta para saber qué jugadores están realmente implicados con el equipo."
En una retahíla de enunciados propios del mejor director de markéting, Iverson no dudó en autodenominarse "un genio del baloncesto", mientras repetía su deseo de "ayudar a la franquicia, en lo que necesiten o le pidan."
Por otro lado, el ex-jugador se mostró más precavido que su amigo Larry Brown y admitió que le gustaría ayudar como asesor o consejero, pero sin llegar al punto de presionar al equipo a tomar una determinada decisión. "No quiero meter presión a la franquicia en referencia a hacer un movimiento ni nada de eso. Si sucede, es porque Dios así lo quiso. Si no es así, siempre estaré dispuesto a estar con ellos y ayudar."