Un Madrid abonado al sufrimiento levanta su cuarta Copa del Rey seguida (97-95)

En esta ocasión los de Laso, liderados por un impresionante Llull, no necesitaron de la prórroga para superar en la final al Valencia Basket.

Iñaki González | 19 Feb 2017 | 21:38
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BlogdeBasket, baloncesto en estado puro
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Abonados al sufrimiento. Así es como ha ganado el Real Madrid la Copa del Rey 2017, la cuarta que gana de manera consecutiva. Y lo ha hecho tras superar en la final por 97-95 a un Valencia Basket al que no hay nada que reprochar, ya que lo dio todo hasta al final e incluso tuvo la opción de anotar a la desesperada la canasta del empate o de la victoria.

Una final que ha tenido un protagonista claro, y ese ha sido Sergio Llull. El base menorquín del Real Madrid, para desesperación una vez más del Valencia Basket y sus aficionados, volvió a ponerse la capa de superhéroe en los últimos minutos para anotar canastas imposibles y decisivas para la victoria de los suyos.


El primer tiempo estuvo lleno de alternativas. El Real Madrid dominó los compases iniciales gracias a un inspirado Anthony Randolph, que ha completado una magnífica Copa del Rey y ha sido decisivo en el título de su equipo. Con esos ingrediente en la ofensiva y un buen trabajo atrás para parar al Valencia, los de Pablo Laso cerraron el primer cuarto con un 22-16 a su favor.

A los de Pedro Martínez, posiblemente algo atenazados por los nervios ante esta gran cita, les costó ver aro en los primeros diez minutos, pero eso cambió en el segundo cuarto. La aparición de Joan Sastre y el buscar a Bojan Dubljevic les dio vías de anotación, aunque el Real Madrid seguía aumentando su renta, que alcanzó los 10 puntos (43-33) Pese a eso los taronja no se vinieron abajo, y con un buen arreón final, culminado con un palmeo de Fernando San Emeterio, dejaron el marcador al descanso en un apretado 47-45.


El tercer cuarto volvió a ser un bonito e intenso intercambio de golpes entre ambos contendientes. Los blancos encontraban el camino hacia el aro con relativa comodidad, mientras que el Valencia Basket se apoyaba en su tremenda lucha en el rebote ofensivo para anotar por medio de segundas y terceras oportunidades. Y con eso, y un triple sobre la bocina de Sergio Llull, se llegó al final del tercer cuarto con un 74-71 que nos dejaba unos diez últimos minutos de infarto.


Los minutos de este decisivo cuarto iban cayendo uno detrás de otro y lo hacían con igualdad en el marcador (87-85 a falta de 2:48). Fue ahí, en esos minutos calientes, donde apareció Sergio Llull, experto en estos asuntos, para desatar un tormenta perfecta en forma de canastas imposibles. En un abrir y cerrar de ojos el menorquín colocó un 95-87 que parecía dejar la final vista para sentencia.


Pero en el baloncesto nunca hay nada definitivo y el Valencia Basket renació de sus cenizas, y un triple de Fernando San Emeterio a falta de 2 segundos ponía un ajustado 97-95. Aun así el balón era del Real Madrid, por lo que la seguía teniendo en sus manos la final. Pero de forma incomprensible Randolph rifó el saque, Joan Sastre la recuperó y el árbitro señaló campo atrás...aunque después rectificó en su decisión.


Restaban 9 décimas de segundo y de manera sorprendente Valencia tenía bola para forzar la prórroga o incluso ganar. El balón fue a las manos de Sam Van Rossom, pero el belga no pudo ni tan siquiera levantarse, lo que desató la locura en el banquillo y en las gradas madridistas, que celebran por todo lo alto su cuarta Copa del Rey de manera consecutiva.