Gordon Hayward fichó por Boston Celtics hace ya dos veranos, en 2017. Llegó junto a Kyrie Irving como la pareja que iba a devolver a la franquicia de Massachusetts a lo más alto de la NBA. Sin embargo, a las primeras de cambio todo se torció.
Su grave lesión de tobillo en el primer partido de temporada regular contra Cleveland Cavaliers le haría perderse por completo su curso n.º 1 con los Celtics. No volvería hasta la temporada 2018/2019. El proceso fue lento y doloroso, pero tras un año de rehabilitación por fin se encontraba listo para volver al ruedo.
Sus primeros encuentros, como era de esperar, no estaban a la altura del jugador que fue en su día en Utah Jazz. El ritmo no se recupera de un día para otro. Sin embargo, las semanas pasaban y Hayward no lograba encontrarse. Además, los malos resultados cosechados por unos Boston Celtics que tenían a su disposición a todas sus estrellas creaban malestar e inquietud entre los aficionados.
Salvo alguna actuación puntual destacada, la primera campaña sana de Gordon Hayward con Boston finalizaba sin muchas luces y con muchas sombras. El salario tan elevado que se estaba pagando por él comenzaba a chirriar.
"He's going to shock the world this year" @EnesKanter believes it's going to be a big year for Gordon Hayward pic.twitter.com/hs46vIYgWm
— Celtics on NBC Sports Boston (@NBCSCeltics) 2 de octubre de 2019
Es por eso que este año no hay excusas. Con una plantilla muy renovada, se espera que el jugador asuma galones de capitán junto a jugadores como Marcus Smart o Kemba Walker.
Hayward tiene que empezar a justificar su sueldo. De no ser así, es muy posible que la franquicia le busque un nuevo destino a mediados de temporada traspasándolo a otro equipo de la liga.