Solo una galaxia como Wembanyama puede quitar protagonismo a una estrella principal como es Chet Holmgrem. El unicornio de los Oklahoma City Thunder hubiera sido Rookie del Año (ROY) en casi cualquier otra temporada de la historia NBA, al firmar unos números asombrosos y lograr éxitos estadísticos inimaginables.
No resulta habitual que un rookie genere un salto cualitativo tan grande en un equipo como lo ha hecho Chet Holmgren en estos Oklahoma City Thunder. Lejos de tener paciencia con su progresión y construir en torno a su futuro, este ¿pívot? ha experimentado una meteórica eclosión y demuestra que su enclenque cuerpo es capaz de soportar los rigores del juego interior en la NBA y fortalecerse poco a poco hasta ser un dominador en la pintura y fuera de ella.
Last two rookies with
— StatMuse (@statmuse) March 21, 2024
35+ points
10+ rebounds
5+ stocks
in a game. pic.twitter.com/xjyd0cZEeO
Con su equipo luchando por el liderato del Oeste, Chet ha sabido aceptar el rol de segundo o tercer espada del equipo con una madurez y naturalidad apabullantes. En el duelo ante Utah Jazz, firmó la friolera de 35 puntos y 14 rebotes, que se vieron acompañados por dos robos y tres tapones. Solo un talento descomunal es capaz de hacer algo así, y más aún en su temporada de novato. Prueba de ello es la reducida nómina de jugadores que han hecho un partido de esos números en su temporada de rookie: Duncan, Webber y Towns.
De no ser por la presencia de Wembanyama, no habría duda en que un jugador que promedia 17 puntos y 8 rebotes por partidos debería llevarse el premio a mejor rookie de la temporada. Sin embargo, a favor de Chet Holmgren está el hecho de haber conseguido esto en un entorno tremendamente competitivo, con otras estrellas a su alrededor y sabiendo primar el bien colectivo al individual. No hay duda de que estamos ante un jugador histórico.
The second best rookie this season:
— StatMuse (@statmuse) March 21, 2024
17.1 PPG
8.0 RPG
2.5 BPG
54/39%
In how many other seasons would Chet be ROTY? https://t.co/E9vJUiTFHM