Arrancar una temporada encadenando derrotas nunca es plato de buen gusto, ni siquiera para proyectos en reconstrucción que no tienen grandes aspiraciones competitivas, como es el caso de Utah Jazz. Todo indica que será un año difícil para los de Salt Lake City, que son ya el único equipo incapaz de ganar un partido en lo que va de campeonato. ¿Se puede esperar una reacción? ¿Por qué están así?
Resulta evidente que falta talento y profundidad en la plantilla de Utah Jazz, pero tampoco parece que pudieran opositar con tanta firmeza a ser el peor equipo de la NBA. La experiencia de jugadores como Mills, el gran nivel de Sexton, el potencial en pleno de desarrollo de Keyonte George y un juego interior nada desdeñable con Kessler y Collins, se antojaban herramientas suficientes como para que el proceso de evolución competitiva no tuviera valles tan profundos como el actual.
Mucho han de cambiar las cosas si desean optar, cuanto menos, a generar una dinámica colectiva y un sentimiento identitario que les haga ir generando algo de cara al futuro. Si siguen acumulando derrotas próximamente, no sería de extrañar que pronto se dejaran ir, buscaran algún traspaso por Collins o Kessler y optaran, de manera sutil, a un tanking que les permita tener más opciones de adquirir la primera ronda del Draft del próximo año. Utah Jazz tiene interesantes decisiones que tomar.