Saltaron las alarmas cuando Ace Bailey mostró su pesar y molestias al ser drafteado por Utah Jazz, amagando de forma seria con una indisciplina que le habría costado muy caro. Había comunicado antes del Draft su deseo de no acudir a Salt Lake City, pero la necesidad imperante de un talento disruptivo hizo que la gerencia de los Jazz tomara esta decisión valiente.
Pronto, las aguas se calmaron y en la Summer League emergió el potencial de un joven que, con tan solo 19 años, apunta muy alto. Veloz, atlético, con talento innato para generar tras bote y un descaro genuino, Ace Bailey sigue siendo percibido como uno de los grandes diamantes en bruto de la NBA y las sensaciones en el seno de Utah Jazz han mejorado mucho después de los primeros meses del joven en el seno de la franquicia. Tanto es así, que ya hay planteamientos radicales.
Y es que se piensa que Markkanen y Kessler podrían irse mediada la temporada, abriendo aún más el espacio salarial para un equipo que empezaría un proyecto competitivo dando las llaves de la ciudad a Ace Bailey, e intentando acelerar su progresión para que a medio plazo se convierta en una estrella NBA con capacidad de ser el referente de un equipo aspirante. El inicio de temporada será determinante para calibrar la confianza de Utah Jazz en su nuevo jugador.