La curiosa apuesta que hizo mejorar a James Harden

El escolta de los Rockets se ha convertido en uno de los más letales anotadores de la NBA gracias a una apuesta con su entrenador durante su etapa en el instituto.

Jacobo León | 20 Feb 2015 | 21:36
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BlogdeBasket, baloncesto en estado puro
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El pasado verano y coincidiendo con la celebración del Mundial de Baloncesto en España, James Harden no se cortó en afirmar que, a día de hoy, es el mejor jugador de la liga. En aquel momento, las palabras del jugador fueron tomadas a broma y se pasaron por alto, aunque la gran temporada que está realizando el escolta de los Rockets lo han convertido en uno de los jugadores más destacados de la competición y un claro candidato al MVP de la temporada.

Actualmente, Harden es el máximo anotador de la NBA con 27.4 puntos por encuentro, a los que añade 5.7 rebotes, 6.8 asistencias y 2.0 robos y, lo que es más importante, dando claras muestras de haberse centrado en labores defensivas, donde dejaba mucho que desear en pasadas temporadas. No obstante, su mayor impacto en el juego se registra en el aspecto ofensivo, donde se ha convertido en un efectivo letal tanto desde el tiro exterior y a media distancia, como atacando al aro, donde es uno de los jugadores con mejor dribbling y que más faltas saca a sus defensores.

Esta temporada, Harden presenta el mayor promedio de tiros libros intentados, con 9.3 por partido, anotando 8.1 de media, o, lo que es lo mismo, un total de 429 lanzamientos de 493 intentos, con una efectividad del 87%.

En un reciente artículo publicado por Sports Illustrated, el periodista Lee Jenkins recogió una curiosa anécdota del jugador de cuando despuntaba en el instituto. Por aquellos años, Harden era un letal lanzador a distancia, aunque carecía de la habilidad necesaria para atacar el aro con efectividad. Para contrarrestar ésto, su entrenador por aquel entonces, Scott Pera, propuso una extraña apuesta al jugador.

En cada sesión de entrenamiento, Pera obligaba la realización de un ejercicio en el que Harden tenía que efectuar ocho entradas a canasta finalizando en bandeja, con la dificultad añadida de unas protecciones especiales en el codo que perjudicaban la movilidad del jugador. Si el escolta anotaba, al menos, seis lanzamientos, Pera le recompensaba con... ¡una hamburguesa! En caso contrario, Harden era castigado con una serie de sprints por la cancha.

Aunque pueda parecer algo absurdo y poco convencional, la realidad es que esta apuesta, que comenzó como algo anecdótico para poner a prueba al jugador, terminó convirtiéndose en una constante disciplina de trabajo que ha desarrollado la habilidad, rapidez y capacidad de reacción en el aire del jugador.