Con la regular season ya concluida, la NBA, como es habitual cada año, ha comenzado a desvelar los distintos galardones individuales que la organización entrega cada temporada a las figuras más destacadas de la competición. Con el premio al MVP de la temporada como gran atractivo, la NBA también corona a otras grandes figuras de la liga con galardones al Rookie del Año, al Mejor Sexto Hombre, al Mejor Defensor, al Jugador Más Mejorado... y así hasta una extensa nómina de reconocimientos. Uno de ellos, y probablemente el gran desconocido y pasado alto por el público es el premio Twyman-Stokes al Compañero del Año en la NBA, el cual se entrega desde 2013, con Chauncey Billups y Shane Battier como sus dos primeros ganadores. Un trofeo que esconde una de las historias más bonitas de la historia de la liga.
En 1955, con la NBA aún dando sus primeros coletazos de vida, aterrizaron en los Rochester Royals, actuales Sacramento Kings, dos rookies que desde el primer momento hicieron buenas migas y terminaron por forjar una inquebrantable amistad: Jack Twyman y Maurice Stokes, los protagonistas de nuestra historia.
Twyman era un alero bastante liviano pero con una capacidad anotadora solo equiparable a la de Wilt Chamberlain. De hecho, Twyman fue el segundo jugador en la historia de la liga tras el legendario pívot en promediar más de 30 puntos en una misma temporada (31.2 puntos en la 1959-60). Por su parte, Stokes era un ala-pívot inusualmente rápido y corpulento, cuya versatilidad le permitía ocupar cualquier posición de la cancha, con una sorprendente facilidad para dirigir el juego así como para dominar en el rebote. Solo basta con decir que casi 30 años después, el ex-locutor de Boston Celtics Johnny Most afirmó que "al ver jugar por primera vez a Magic Johnson le vino a la cabeza automáticamente el nombre de Maurice."

Mientras estrechaban lazos, ambos jugadores triunfaban en la liga y eran habituales en los All-Star Game de la época. Sin embargo, la prometedora carrera de Stokes fue interrumpida de golpe un 12 de marzo de 1958. En el último partido de la temporada, el jugador se disponía a capturar un rebote cuando, tras un choque con un rival, cayó de cabeza al suelo de una manera terrible. Stokes se quedó inmovil mientras los jugadores y el público asistente al encuentro se temían lo peor. Sin embargo, todo parecía volver a la calma cuando el equipo médico consiguió reanimar al ala-pívot, quien pudo concluir el encuentro con normalidad.
Pero lo peor estaba por llegar. Apenas tres días después, los Royals volaban a Detroit para afrontar un partido de Playoffs ante los Pistons. Durante el viaje, Stokes comenzó a sufrir una serie de ataques y convulsiones y entró en coma. Al despertar, su vida había cambiado para siempre: una encefalopatía había dañado la zona del cerebro que controla la capacidad motriz del cuerpo. Nunca más podría andar.
Peor todavía fue la decisión de su equipo. Los Royals decidieron prescindir de sus servicios y se ahorraron sus 20.000 dólares de salario. Sin ningún tipo de pensión o plan médico para los jugadores en aquel entonces, y con su familia incapaz de afrontar los gastos médicos oportunos para su tratamiento (en torno a los 100.000 dólares al año), el futuro de Stokes se presentaba inconcebible. Sencillamente, no había futuro. Entonces apareció la figura de su inseparable amigo Jack Twyman para salvar la situación.

Twyman se convirtió en el tutor legal de su compañero y se hizo cargo del tratamiento de Stockes, mientras realizaba todo tipo de esfuerzos para recaudar fondos para la manutención de su amigo. Incluso llegó a promover la celebración de un partido de exhibición anual en New York donde participaron jugadores de la talla de Wilt Chamberlain, Elgin Baylor y Oscar Robertson.
Gracias al inigualable, enternecedor y ejemplar apoyó de Twyman, Stokes pudo llevar una vida digna hasta 1970, cuando falleció a los 36 años de edad a consecuencia de un ataque al corazón.
Twyman, fallecido en 2012, fue incluido en el Hall Of Fame en 1983, algo que también lograría su gran amigo en 2002. Igualmente, los dorsales de ambos jugadores fueron retirados por los Sacramento Kings. Desde entonces, sus nombres lucen en lo más alto del Sleep Train Arena de Sacramento y su bonita historia formará parte para siempre de la historia de la NBA.