Cuando ya entramos en la segunda mitad de la temporada regular en la NBA se puede hacer una primera valoración sobre los resultados de los Philadelphia 76ers en un año en el que muchos pensaban que iban a volver a luchar junto a los mejores equipos de su conferencia, a pesar de la juventud de sus estrellas. Sin embargo, aunque la mejoría en los resultados es innegable, no estamos hablando del equipo revelación ni siquiera en la Conferencia Este.
Los Sixers se reforzaron muy bien el pasado verano, contratando a varios jugadores con experiencia como JJ Reddick y Amir Johnson para solo una temporada, lo que les dará espacio salarial para tantear alguna estrella en la agencia libre cuando llegue el 1 de julio.
En estos momentos, el equipo dirigido por Brett Brown está luchando por entrar en los puestos de Playoffs en la clasificación, sumando 19 victorias en los 39 partidos que han jugado hasta la fecha. Aunque han mostrado que pueden competir, su inconsistencia e irregularidad les hacen sumar muchas derrotas en momentos clave de los partidos, en los que da la sensación que se desconectan y bajan los brazos, por otro lado algo muy común en plantillas tan jóvenes como la que tienen en Pensilvania.
El mejor ejemplo de cómo se está desarrollando la temporada para los Sixers pudimos verlo el pasado jueves en Londres, cuando después de ir ganando de 22 puntos ante los Boston Celtics en el segundo cuarto, encajaron un parcial de 70-30 hasta el último cuarto, dejando escapar un partido que tenían encarrilado y que habría supuesto una píldora de motivación ya que se enfrentaban equipo mejor clasificado del Este.
Varios datos apoyan nuestra opinión, ya que los Sixers han perdido siete partidos en los que disfrutaron de ventajas de 11 puntos o más. Lideran la NBA en pérdidas de balón, con 17.9 por encuentro.