Si hay una sensación que actualmente reina en las mentes de los aficionados de Utah Jazz es ilusión. Ilusión por ver como un proyecto de jugadores está a la altura de competir contra los mejores equipos de la liga, por tener al mejor jugador defensivo de la temporada pasada (Rudy Gobert), a una promesa con tintes ya de estrella mundial (Donovan Mitchell), y a un base titular que está dando el mejor nivel de su carrera (Ricky Rubio).
Ricky Rubio se ha ganado el cariño y respeto de todos los seguidores de Utah Jazz en tal solo una temporada como jugador de la franquicia de Salt Lake City. Jugando 77 partidos en fase regular, promedió 13.1 puntos, 5.3 asistencias y 4.6 rebotes, los mejores números desde que llegase a la NBA en 2011 de la mano de Minnesota Timberwolves.
2️⃣5️⃣ days until game 1 of 82. pic.twitter.com/TnNG4MJ4iG
— Utah Jazz (@utahjazz) 22 de septiembre de 2018
Pero, al comienzo de su camino con Utah, no todo fue tan sencillo. Rubio tuvo problemas para adaptarse al juego ofensivo de igualdad de oportunidades de Quin Snyder. Si Ricky no tenía la posesión, no podía mostrar todo su potencial, que era el de ser un increíble pasador.
La clave fue cuando Snyder agregó una característica al sistema ofensivo de los Jazz, donde Rubio y Donovan Mitchell se compenetraban a la perfección el uno con el otro. Esa química, sumada a la de compañeros como Rudy Gobert o Joe Ingles, les llevó la pasada temporada a unas semifinales de Conferencia dejando eliminados a los Oklahoma City Thunder del ‘Big Three’.
Con todas las piezas ya encajadas, Ricky Rubio está dispuesto a hacer una campaña inolvidable, y lograr el objetivo de ser por primera vez All Star de la NBA con la ayuda de un equipo al que verlo jugar al baloncesto es un auténtico regalo para la vista.