Fue uno de los peores equipos de la pasada temporada y, pese a que este curso ha crecido mucho, los errores que veíamos durante el pasado curso se están repitiendo y las victorias que se están apuntando al casillero los de la Conferencia Este son ínfimas en relación al baloncesto que están practicando.
Poder contar con Karl-Anthony Towns durante toda la temporada (siempre y cuando las lesiones le respeten) supone una ventaja competitiva enorme para el cuadro de Minneapolis. Además, con un año más de bagaje para Anthony Edwards y la figura de D’Angelo Russell que completa el Big-Three, la ilusión es mayor que el curso pasado.
Además, el conjunto de piezas secundarias que disfrutan este año en los Timberwolves es mucho más completo. La creatividad y facilidad anotadora de Leandro Bolmaro, la defensa y presión de Patrick Beverley, los puntos de Taurean Prince, el físico de Josh Okogie, la presencia de Naz Reid…
Mismos problemas, escasas soluciones
Sin embargo, el juego de los pupilos de Chris Finch está siendo más atractivo y efectivo, pero sigue contando con la misma problemática: ausencia de regularidad y de concentración en los momentos más imponentes de los partidos.
Estos Minnesota Timberwolves son un grupo muy joven de profesionales y este tipo de errores son muy habituales, pero son fallos que cuestan muy caros. En la última jornada celebrada ayer, los Wolves cayeron en una prórroga ante unos Memphis Grizzlies que llegaron a ir por debajo de los dobles dígitos de diferencia negativa.
Desde Minneapolis ya afrontan una racha de 5 derrotas consecutivas y, pese a que hay muchas cosas positivas que destacar, se encuentran ubicados a dos victorias de la zona que da acceso a Playoffs.